Héctor G. Tellado, becario MBA de 2011, uno de los 30 ingenieros españoles de la sede central de Microsoft


Héctor Tellado: «Para innovar es vital la diversidad, pone en cuarentena tus propias convicciones»

El ourensano lleva en la empresa Microsoft desde 2014, integrado en la sección de Azure – el servicio de la nube de Microsoft

Redmond, una pequeña ciudad de 60.000 habitantes del Estado de Washington, se autodenomina «la capital de la bicicleta del noroeste». Allí está la sede americana de Nintendo.

También los cuarteles generales de Microsoft, donde 40.000 personas dibujan una plantilla formada en un 75% por ingenieros, de los cuales solo 30 son españoles.

Héctor García Tellado (Ourense, 1983), lleva en la empresa de Bill Gates desde 2014. Integrado en la división de Azure –el servicio en la nube de Microsoft–, desarrolló primero estrategias de partnership que permitieron a la firma alcanzar un liderazgo en el sector que ahora, como senior program manager, busca reforzar desarrollando soluciones para acelerar la penetración del Internet de las cosas en la industria.

«Hacemos productos que permiten hacer inteligente cualquier activo de una empresa. Una depuradora de agua, el aire acondicionado, una cafetera, camiones…» explica García Tellado, que se confiesa movido por la innovación –»el hilo conductor de mi carrera»–, herramienta imprescindible para resolver problemas, su pasión desde crío.

Esa que le empujó a estudiar Física en la UVigo y que luego ha aplicado en la informática. Un campo en el que se inició en IBM España –»Vi un anuncio suyo en prensa… no tenía ni idea de ordenadores, fui a salto de mata»– y del que, tras trabajar como jefe de proyecto en el departamento de Software en planes para empresas como Inditex decidió, gracias a una beca de la Fundación Barrié, saltar a EEUU para hacer un MBA  en el MIT. Y de ahí, a Microsoft.

Su currículum es un ejemplo de cómo desde aquí se puede llegar a cualquier sitio.

Sin duda. Ahí hallo dos elementos diferenciales: el énfasis del idioma –el tesón de mis padres me hizo bilingüe con 17 años– y la educación. Al final todo es compensar menos oportunidades con trabajo y con mucha curiosidad. La gran ventaja de estudiar en EEUU, por ejemplo, es que si estás en una universidad grande de una ciudad grande vas a tener más  oportunidades. Es un poco la diferencia entre estar entre la cantera del Madrid y el Racing de Ferrol. Puedes llegar, pero necesitas ese extra. También, un cúmulo de casualidades. Siempre pienso que si hubiese acabado la carrera cuatro años más tarde… el camino hubiese sido muy diferente.

En su ruta estaba, inicialmente, el doctorado, pero aterrizó en IBM. ¿Qué halló en la privada? 

Para mí era todo nuevo. No tenía ni los conocimientos básicos. Pero tenía la capacidad de aprender.  Lo que te da la Física es la capacidad de resolver problemas con un nivel de abstracción muy grande. Como persona de innovación me gusta preguntarme el por qué de las cosas, más que el qué o el cómo. Cuando desarrolla un producto Microsoft, siempre me hago la pregunta de por qué estamos haciendo esto, qué tipo de problema estamos intentando resolver. Lo más importante es entender cómo la transformación digital ayuda a las empresas. Si no creyese que la tecnología mejorará la humanidad, creo que me dedicaría a otra cosa.

¿Qué papel jugó en su formación estudiar en el MIT?

Cambia la perspectiva estar con gente totalmente diversa, cincuenta nacionalidades, republicanos, demócratas…Ayuda a entender que hay muchas maneras de llegar a la misma solución. A veces se produce el debate entre conservadores y progresistas y se comete el error de asumir que uno quiere el mal para el otro. Pero la gran mayoría de la gente quiere las mismas soluciones de prosperidad. Solo hay diferentes caminos para tratar de llegar a ello.

¿Qué caminos se siguen allí?

Aprender a aplicar el método científico –el corazón de la universidad–, para cualquier tipo de problema. Ser pragmático en el manejo de las políticas, económicas o de innovación. Y entender que la diversidad es imprescindible para la innovación, al ayudarte a poner en cuarentena tus propias convicciones.

¿En qué se traduce todo esto en Microsoft?

Es muy dinámica, horizontal –lo que más me sorprendió–, da responsabilidad desde el primer día. Cuando eres consultor de una empresa en un país al implementar soluciones muchas ya están inventadas. Pero cuando llegas a la sede corporativa te das cuenta que está todo por inventar. Eres la punta de lanza. ¿Avances? Por ejemplo, la nube pública para las empresas. Ya es una realidad. La pregunta es cuándo se moverán completamente.

En Redmond trabajan con el futuro. ¿Cuántos años de ventaja?

Respecto a la adopción masiva del mercado, unos cinco años. Pero la tecnología  por la tecnología es solo una excusa. Lo que se hace ahí es aprender a innovar, aprender a lanzar productos en un entorno ágil.

¿Cómo arranca un proyecto de innovación en Microsoft?

Es una combinación de datos de mercado, tendencias… y lo que vemos en el clientes, que vienen a que le solucionemos problemas. Es un círculo de retroalimentación que si lo haces bien es virtuoso: la misión de la innovación es mejorar las empresas, y la misión de las empresas es consumir innovación para mejorar ellos mismos.

¿Qué plazos manejan para resolver esos problemas?

Son muy agresivos. Ahora mismo el departamento está creciendo un 100% cada año. Hay que tener muy claro por qué estás ahí. Un ritmo de trabajo muy acelerado… y una carga de ambigüedad muy alta. Tienes que resolver tú solo. Ahí no existe la fórmula de preguntar al jefe. Este te habilita para que resuelvas el problema, pero nadie tiene la solución. Eres tú el que tiene que probar, sin librillo. Lo que haces es escuchar a todos y formar tu propia opinión

Y cuando toma la decisión, ¿cómo la traslada a su equipo?

Como product manager influencias a desarrolladores, a diseñadores, a  marketing… son equipos que están en horizontal de tal modo que solo las personas que influencian de modo más convicente «ganan». Al final no existe la jerarquía. Mi objetivo es lanzar un producto, pero si no estoy alineado con la empresa, ese producto va a ser un fracaso. Otro pilar básico de la innovación es que no puedes sacar iniciativas en aislamiento. En cualquier empresa tienes que tener un apoyo de los distintos departamentos.

¿Cuánto tiempo se da en EEUU?

Allí el modelo es como jugador de baloncesto, un contrato de franquicia. De momento creo que es prudente quedarme un tiempo. Año a año ir evaluando, ver lo que se me ofrece… y sobre todo lo que vaya a aprender, que es lo más importante.

¿Y retornar a Galicia?

Tengo claro que me gustaría volver a Galicia. Creo que mi proyecto es aprender fuera y poder volver el día de mañana, contribuyendo a la sociedad gallega y española desde el mundo de la empresa.

 Fuente: La Región, 29/10/2017